Introducción a la tesis de que las grandes
superficies puedan ejercer como nuevos sistemas de autoregulación
demogràfica y cribado poblacional
Actualmente y aunque oficialmente no se hable muy claro, uno
de los problemas que más preocupan a las autoridades
mundiales es la superpoblación. Se acostumbra a disimular
hablando de falta de recursos y de cambio climático.
Como dice John Feeney(1) de la BBC se trata del gran tabú
que esconde el ambientalismo ¿Alguno de nosotros ha
sido notificado de esta preocupación con claridad?
Naturalmente que no directamente, a parte de campañas
medioambientalistas como las del calentamiento global que
denuncian los efectos concretos y ciertos documentos o estudios,
no está habiendo una consideración de modo oficial
hacía el supuesto creciente problema de la superpoblación.
Algunos como yo mismo veréis esta tesis como muy alarmista
o exagerada y en cierta forma tenéis razón.
Pensaréis: ¿cómo lo que se vende en una
gran superficie podría convertirse en una herramienta
de control demográfico hasta el punto de reducir población?
Y la verdad es que no lo hace consciente y directamente. Tampoco
fumar. Pero hoy se sabe que por ejemplo enfermedades como
la obesidad, la diabetes, problemas cardíacos, cáncer
o hasta graves desarreglos hormonales y por tanto psíquicos
conllevan un alto riesgo para la salud, para el estado de
animo y por tanto para la vida. Estas enfermedades casi pandémicas
son un claro síntoma de que a los productos que consumimos
les hemos añadido elementos o los hemos procesado de
un modo tan artificial, que por contra han perdido la mayor
parte de lo esencial de su alma-espíritu. Esto ha afectado
nuestra alimentación a niveles profundamente sutiles
de nuestra intrincada biología, que ha afectado visiblemente
a la calidad de nuestra salud y nuestros procesos internos.
En cuanto a la afirmación de que este tipo de elecciones
al llenar la cesta pueden alterar nuestra fertilidad(2), decir
que la relación entre la ingesta de productos frescos
y la proporción de espermatozoides en el semen de un
hombre está más que constatada, y que por tanto
los alimentos conseguidos en una gran cadena no ayudan mucho
en este sentido, ya que normalmente y por razones obvias como
los procesos de conserva o de cocción, han hecho que
perdieran buena parte de su “frescura” y vitalidad.¿Cual
es el problema por lo tanto?¿Los recursos o la distribución
de estos? Está claro que esta sociedad padece un egoísmo
irremediable, tanto en el compartir recursos como en el esforzarse
en nutrirse bien. Precisamente es de lo que se aprovecha el
negocio al que estamos dedicando estas lineas.
El eurolobbysmo, la especulación financiera,
y cómo mientras en el plato cada vez hay más
cosas y menos alimento real. No hay más ciego que el
que no quiere ver. El caso concreto de los lobbies de empresas
contaminantes contra la directiva europea del reglamento REACH
La principal conspiración quizás sería
básicamente la de los lobbys (grupos de presión)
empresariales, como indicaría el apabullante libro
Conspiraciones Tóxicas de Miguel Jara, Rafael Carrasco
y Joaquín Vidal. Como datos curiosos explican que para
cada 1 de los 732 parlamentarios europeos hay proporcionalmente
6 lobbystas o eufemísticamente “profesionales
de los asuntos públicos” que juegan a ser asesores
desinteresados “quita trabajo” a nuestros ajetreados
euroburócratas. Se ve que en Washington estas cifras
aún son más alarmantes. Estos políglotas
hijos de su madre han vendido su propia alma al diablo corporativo
por un plato de lentejas transgénicas y enmiendan,
es decir amañan, retrasan, obstruyen, cambian de tema,
desvían la atención, recurren a causas intocables,
oponen o distraen a Dios mismo mediante sus grupos de pensamiento
(bufetes, consultoras o institutos de ideación), en
sus edificios repletos de oficinas a lo campamento militar,
sus controladísimos medios de comunicación y,
cómo no, sus relaciones privilegiadas con los políticos
de turno. Este colectivo llega a conformar un subfuncionariado
europeo en Bruselas de más de 15.000 personas. ¿Se
entiende el interés que muestran los grandes grupos
empresariales, y por tanto directamente “el pasivo”
de inocentes accionistas, en estar al tanto de lo que se cuece
en el parlamento europeo?
El más colosal de los casos de lobbysmo de la historia
fue y sigue siendo el que se movilizó para el proyecto
de ley para la unión europea llamado REACH. Este reglamento
directiva tendría que regular el registro, la evaluación,
la autorización y la restricción de las sustancias
y los preparados químicos, con el objetivo de garantizar
un elevado nivel de protección de la salud humana y
del medio ambiente. La realidad es bien conocida, pues nunca
jamas en la historia del ingente colectivo de la nómina
de lobbystas se había hecho un esfuerzo tan grande
para contrarestar una ley. De esta bendita ley se la llegó
a tratar como la “mata empleos” en algunos sectores,
cuando sin saber mucho de cálculos, se deduce que el
coste de la seguridad social por las enfermedades que producen
estas sustancias contaminantes, podría duplicar, triplicar
o cuadriplicar el que podrían dejar de ingresar los
sectores industriales afectados.
¿Y a que tipo de sustancias nos referimos? Hablamos
de tóxicos como por ejemplo: endosulfán, bisfenol,
PCB, ftalatos, metales pesados, grasas “trans”(margarinas
por hidrogenación), glifosfato (Roundup), aspartame,
hormona de crecimiento bovino, flúor, etc., etc., etc.
Podemos encontrarlos en el plástico de los biberones,
en los cultivos y la verdura, en los plásticos que
recubren las latas por dentro, en los productos “diet”
o “sugar free-sin azúcar”, en pastas de
dientes, en galletas, en bebidas, etc.
¿Qué es exactamente esta “comisión
comercial” llamada Codex Alimentarius?
La comisión del Codex Alimentarius fue establecida
en 1963 y es un cuerpo intergubernamental con más de
170 países miembro. Esta enmarcada en la unión
de la World Health Organitzation (WHO) junto con la Food Agriculture
Organitzation (FAO) auspiciada por la United Nations (UN).
En su primera fase proponía “proteger la salud
de los consumidores y asegurar la buenas practicas en la comercialización
de alimentos”. Esto resulta un poco contradictorio pues
en realidad es una “Trade Commission” (una comisión
comercial) y no ha ejercido nunca como “comisión
de protección del consumidor”. Por tanto los
planes en la práctica están siendo, como Alliance
for Natural Health (ANH) están denunciando, favorecer
las ganancias y el control de las grandes farmacéuticas
o cadenas de alimentación. Mediante: reducir los parámetros
de la ecología para facilitar los intereses de los
grandes productores; aprobar el uso de ciertos aditivos químicos
para los alimentos orgánicos; permitir significantes
residuos de al menos 3.275 tipos de pesticidas, incluyendo
incluso aquellos que son sospechosos de carcinogénicos
o disruptores hormonales (2.4-D, atrazine, metil bromuro);
proponer muy bajas dosis de suplementos nutritivos mediante
ciertos engañosos estudios científicos; exponer
valores de referencia nutritiva requeridos muy bajos para
ciertos sectores de la población; facilitar la implementación
de los intereses en los requerimientos alimenticios mundiales
para la modificación genética; aprobar las “semillas
terminator” para el comercio internacional; dar luz
verde a las plantas modificadas genéticamente; desarrollar
animales modificados geneticamente. Por cierto, y esta la
añado yo, ¡los productos farmacéuticos
curiosamente no pasan por ninguna de estas “regulaciones”!.
Además la asociación Alliance for Natural Health
denuncia que hay más de 20 comités intergubernamentales
creando nuevas pautas y niveles que afectan a la producción
y la seguridad de los alimentos. También es indignante
conocer las descaradas conexiones que hay entre los intereses
del Codex y la World Trade Organitzation (WTO), la cual puede
imponer pesadas multas o sanciones en contra de los países
que no cumplan estos modelos. Hablamos ya pues de un Mandamiento
Global de Estandarización que favorece inmoralmente
las leyes internacionales de comercio a favor de las Big Pharma
y las Big Food.
El Codex afecta directamente a nuestra libertad para acceder
a alimentos naturales, hierbas de toda la vida y suplementos
dietéticos. Por esta razón este tipo de asociaciones
hacen mucho hincapié en que esta monstruosa burocracia
para la “comisión comercial” llamada Codex
Alimentarius, a parte de entorpecer la libertad personal para
que podamos decidir en estos asuntos, en realidad lo que demuestra
es cuán despreocupadamente vivimos de estos temas y
cómo nos fiamos de las “autoridades”. Por
tanto, exigen más atención y responsabilidad
para mantener y proteger nuestros derechos e intereses personales
para nuestra nutrición, salud y bienestar libremente.
Sin duda el público es el más grande de los
lobbys cuando es consciente, no se deja engañar y actúa.
¿A costa de quiénes, qué y cómo
se consigue esta extrema rendibilidad y provechos?
Por un lado, las grandes cadenas explotan a los productores
y revientan los precios para conseguir “productos reclamo”
promocionados en la publicidad casa por casa, es decir productos
que no cuestan su precio real, para ser de esta manera un
anzuelo para la clientela que acabará comprando productos
que si valen lo que valen. Wal-Mart vende sus productos de
promedio un 14% mas baratos. Esto hace que estos supermercados
sean tan agresivos con su competencia como con sus propios
proveedores. Estas prácticas conducen a la desaparición
progresiva de pequeños proveedores, y por tanto a un
creciente peligro para la seguridad de nuestra suministro
alimenticio al depender tantísimas bocas de tan pocos
productores.
Como ya hemos comentado, además incentivan leyes o
políticas que les permiten hacer la vista gorda a la
presencia de contaminantes en la comida o a su empobrecimiento.
Se dice cuando se le quita algo a alguien que “se le
está robando”, pero si encima esto afecta a la
salud del que se le ha quitado eso se consideraría
como un crimen por agresión. Si lo analizamos racionalmente
lo que se nos vende en las grandes superficies obedece a este
tipo de estafa perniciosa para nuestra salud, aunque hay que
admitir que se produce por un sutil juego de hipnosis propagandística
hacía nuestro consentimiento apelando a dudosas bondades
y a una amañada y patética ciencia de plató
de anuncio de televisión. Sin duda el poder tener “más
por menos” tiene otros costes inimaginables para nuestra
salud y para la economía de muchas de las familias
que hasta ahora producían para mercados locales y a
pequeña escala.
¿De qué hablamos entonces? ¿De
grandes ganancias?¿De control demográfico?¿De
las dos cosas?¿O de poder absoluto?
La cuestión que uno se plantea es si todo esto obedece
a un simple motivo de lucro económico o esconde algunas
políticas especiales para realizar un ajuste demográfico
de población. Si fuera así ¿Quién
lo ejerce o qué lo ejerce? No está muy claro,
quién o qué exactamente, lo que si es visible
es que absolutamente todos somos responsables en mayor o menor
medida. Desde el dueño principal, el máximo
accionista, hasta el simple comprador de cartones de leche,
todos son responsables y víctimas directas de este
gran tinglado comercial. El “inofensivo accionista”,
como dice el nombre y aunque no lo parezca si hace con sus
“acciones”, y se dice de “el que hace sin
ver lo que hace” que es un peligro y un irresponsable
para si y para el resto. Invertir los ahorros en lo que más
da, eso sí es una Conspiración, y si alguien
quiere conocer un tipo de banca diferente que vaya a ver cualquier
conferencia de Joan Melé, director de Triodos Bank
en Catalunya, y entenderá el gran desastre que se está
provocando al confiar los ahorros “al mejor postor”.
Por si fuera poco, la crisis favorece el que las personas
tengamos que comprar productos de menor precio y esto favorece
el crecimiento de estas grandes superficies, que cada años
amplían su facturación. Este inmenso poder monopoliza
completamente la situación alimentaria por parte de
estas grandes compañías que ya están
a la cabeza mundial en facturación. La gran mayoría
de alimento están controlados en “lo legal”,
todo está regulado por ley, todo debe seguir complejas
normativas, controles médicos o veterinarios y procesos
de certificación para los permisos. Después,
la mayoría de despropósitos de estos pésimos
productos pasan trágicamente desapercibidos, pues en
realidad tan solo se controla lo que interesa controlar.
Pero lo más grave de esto es que esta misma estrategia
permite un control directo del abastecimiento de proteínas
de la población, y por tanto de su crecimiento o indice
de natalidad como algunos investigadores como la Dr. Rima
E. Laibow(3) en su valiente conferencia llamada “Codex
and Nutricide”(Codex y Nutricidio) y su web ya han denunciado
desde hace tiempo.
Y a lo que vamos, tanto control supuestamente para nuestro
bien, ¿no puede ser en realidad un sistema complejísimo
para regular el crecimiento poblacional en este planeta? Sin
duda en el tercer mundo ya se está ejerciendo “casualmente”
entre otras cosas con la importación de productos occidentales
de la peor calidad subvencionados y más económicos
que los que ellos mismos podrían producir. ¿Y
en el primer mundo? Aquí muchos datos lo indican, y
estos apuntan a que estamos entrando en un nuevo régimen
tecnocrático alimenticio impensable hasta el día
de hoy. Hace ya unos años un autor japonés llamado
Michio Kushi, creador de la Macrobiótica, describía
un futuro donde se produciría una especie de eugenesia
por estados de conciencia y por tipo de alimentación.
Estas reflexiones tan extremas no gustaron mucho pero sinceramente
no creo que fueran tan desencaminadas. La calidad de lo que
comemos define nuestra constitución física e
intelectual, desgraciadamente hoy, casi podría llegar
a afirmarse que este fenómeno de empobrecimiento dietético
se está produciendo sin muchas posibilidades de elección
para la gran mayoría. Esperemos que todos despertemos
pronto y utilicemos las alternativas naturales de consumo
que aún hay, dándoles nuestro apoyo, antes de
que no sea demasiado tarde y tengamos que acabar comiendo
algún tipo de pienso Orweliano estándar para
toda la humanidad.
La otra opción es finalizar con todo esta ansiedad
existencial superpoblacional montando una Grande Bouffe a
lo Marco Ferreri y caer redondos con una sonrisa de oreja
a oreja mientras vamos engullendo “productos desvitalizados
Mercauschwitz” hasta reventar.
¡Buen provecho!